Durmiendo en el Desierto de Rajasthan

23/10 – A las 7 de la mañana montamos en una potente guagua que nos trasladaría hasta Jaipur. Cinco horas de suave trayecto y la entrada a la ciudad fue imponente... allá en lo alto aparecería majestuosamente el Fuerte Nahargarh ( o Fuerte del Tigre) sobre una colina, mientras la guagua iba avanzando a través de esta ciudad conocida como la “ciudad rosa”, debido al color de la piedra y arenisca con lo que se ha construido sus edificaciones.

Avenidas llenas de bazares, que rodea la vieja ciudad parcialmente amurallada, con varias puertas de acceso, donde resalta por su grandiosidad y estilo Rajput, el Palacio Central del Maharaja, un recinto grande rodeado de patios con varias edificaciones adyacentes, puertas y ventanas elegantemente decoradas, columnas ricamente adornadas en rojo y blanco, galerías con arcadas de mármol blanco labrado, celosías, elefantes labrados en mármol, colecciones de cuadros, alfombras, telas preciosas y armas, donde destaca el Hawa Mahal ( ó Palacio de los Vientos), símbolo de la ciudad, edificado en 1.799, con forma piramidal escalonada, de cinco plantas, de auténtica belleza, aunque realmente es sólo la fachada, con vista al bazaar Sire Deorthi, justo debajo, para permitir a las princesas del Maharaja Sawaj Pratap Singh "acechar" desde las celosías y ventanas la vida de la ciudad. O el Chandra Mahal ( Palacio de la Luna), donde aún vive el maharaja.

Al lado el Mubarak Mahal ( o Palacio de la Bienvenida) y el Observatorio de Jai Singh, que data del año 1757.

Subimos también al minarete Iswari Minar Swarga Sal para tener una amplia visión desde la altura de esta formidable ciudad munghal.

Nos quedamos en el hotel Pearl Palace, entre la estación de guaguas y la ciudad amurallada, con azotea acondicionada con mesas para comer y por la noche realizar bailes o actuaciones con marionetas tradicionales.

Aunque en general, esta ciudad me ha defraudado un poco por lo sucio y mal cuidado que está todo.

No sé si ha sido por la comida o por la cantidad de movidas que estamos realizando, pero J.L. se ha quedado en cama con escalofríos, y yo tengo cagaleras desde hace varios días. El gallego, a lo suyo, parece que le va mejor, ya que no es muy amante del picante!.

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26/10 – Nuevamente en guagua, hacia Jodhpur, ahora en una muy cochambrosa, pero llegamos. Y desde la estación directamente en moto-rickshaw hacia el hostal Tourist, en la ciudad vieja amurallada que se encuentra en la puerta de entrada Sojati. Y como me conozco ya muy bien a estos parásitos, decido que paremos bastantes metros antes, en un parque. Mientras mis compas se quedan en el bullanguero vehículo parto en busca de habitación libre. Consigo negociar un buen precio en una casa donde tienen una pequeña habitación de dos camas en la que nos pondrán otra más, y regreso a buscarlos. Ellos ya han pagado el trayecto pero el avispado conductor quedó atrás observando a donde nos dirigíamos. El caradura se presentó al rato en el lugar en busca de "su comisión" de forma bravucona al propietario del hostal, como si hubiera sido él quien nos recomendara el lugar. Y aunque intentamos espantarlo los gritos del mequetrefe intimidó al dueño y al final marchó sin su botín pero amenazándolo. Al propietario no le pareció buena nuestra actitud puesto que desde ese momento se había buscado un enemigo, un rickshaw-walah mafioso, y posiblemente quienes quieran venir a este lugar éste dirá que está cerrado o que no es de fiar.

Sobre una colina de 125mt de altura destaca el Fuerte Meherangah , una enorme fortaleza de bloques de arenisca roja, con siete puertas de entradas construidas por diferentes maharajas, algunas construcciones de estilo Rajput como palacios, vivienda, un museo y un templo ( Chamunda Devi) dedicado a Durga. Desde sus muros, que bordea toda la colina, se obtiene unas asombrosas vistas de esta “ciudad azul”, rodeada por casi 10km de muralla erigida a lo largo del s.XVI, donde cientos de casitas cuadradas, pintadas de color añil, dan forma a un decorado urbano, lleno de pequeños y laberínticos callejones.

En la casa que nos quedábamos fueron muy hospitalarios, pero la estaban arreglando, ya que se acercaba la Diwali, todo estaba “patas arriba”, y decidimos cambiarnos hacia el hostal Haveli, situado en el interior de la ciudad vieja amurallada, en la que habíamos conseguido, igualmente, un buen precio en una amplia habitación para los tres. Tiene una azotea con sillas, mesas, y sirven comidas y bebidas, donde también se puede reposar observando las prodigiosas vistas del fuerte y del valle.

Una visita que nos sorprendió mucho fue el Palacio de Umaid Bhawan, una enorme edificación de arenisca, de extraordinarias riquezas, con un hotel de cinco estrellas que ocupa una de las tres partes en que está dividida su estructura, más conocido como el Palacio Chhitar. Otra parte funciona como residencia de la familia real y la otra está abierta al público. Nos querían cobrar 200Rp a cada uno por visitar los jardines que se encuentra junto al lago de este recinto. Intentamos colarnos pero no pudimos…

Muchos príncipes de la India tienen serias dificultades para poder mantener sus antiguos palacios en condiciones. Recrear el pasado cuesta muy caro, y para ello, normalmente, acondicionan una parte del mismo como hotel. Pero es posible que estos sorprendentes hoteles dejen algún día de existir…

Algo que nos ha embelesado diariamente ha sido el Lassi Makhaní ( yogurt de pistacho, miel y azafrán), que no hemos parado de beber continuamente, al igual que los extraordinarios dulces en el restaurante Mohan , junto al mercadillo de Bhatia.

Nos habían dicho que se acercaba un festival en las dunas de Osiyan, un antiguo pueblo, a unos 60km, en el desierto, y decidimos quedarnos varios día más. De paso, podríamos alquilar un jeep con conductor y hacer un tour por los poblados de los alrededores, pero nos intentaron engañar al traernos un destartalado jeep con techo, el cuál no queríamos, por lo que decidimos hacerlo en bus.

Al final, el festival se suspendió y nos tuvimos que conformar con asistir a una fiesta de bailes y cantos de diferentes grupos regionales, concurso de disfraces y turbantes, y una exhibición de camellos engalanados en Mandore, un pueblito a 9km de Jodhpur.

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2/11 – El gallego ya ha marchado hacia Ajmer en busca de unas tablas que le habían encargado comprar. Allá él. Nosotros dos continuamos nuestra ruta.

El siguiente paso fue llegar hasta Jaisalmer, en pleno Gran Desierto Thar. 7 horas de trayecto y la entrada igualmente espectacular debido a otra ostentosa fortificación sobre la colina.

No tuvimos que emplear mucho esfuerzo en buscar hostal, porque al bajar de la guagua una decena de individuos con pancartas y carteles anunciando "su hotel" esperaban a los pasajeros. El trayecto en jeep al hotel fue gratis, y el que elegimos estaba bastante bien situado, que nos dejaron a buen precio (150Rp) por falta de turistas. Eso sí, nada más sentarnos el propietario del hotel nos proponía el tan famoso “safari” de varios días en camello por el desierto (1.200Rp/3 días con 2 noches). Y así lo hicimos, tras preguntar por los alrededores lo precios en algunas agencias: dormimos entre las dunas, bajo las tantísimas estrellas, algunas fugaces, y una enorme luna llena, que nos permitía ver varios cientos de metros de dunas y más dunas. A Dalboy, uno de nuestros dos guía, lo tuvimos que callar en varias ocasiones porque no hacía más que hablar y hablar. Aunque pasamos algo de frío las noches fueron inusitadas. Chapatis, verdura, arroz, huevos duros, tostadas y té, todo hecho ahí mismo. Escarabajos, algún que otro Escorpión, Gacelas, Águilas del desierto, pequeños poblados donde la gente cargaban cubos sobre la cabeza para recoger agua de los pozos, o dar de beber a los camellos, casitas de adobe y mucho, mucho desierto pedregoso. Anduvimos bastante distancia y se me quedó el culo molido, pero creo que no estábamos muy lejos del punto de partida. Es fácil, perder la noción de la situación en un lugar tan amplio como el que hemos recorrido. Aunque como todo, tampoco ha salido como esperaba. Tres camellos para cuatro es un mal reparto, pues habíamos acordado en uno para cada. Aunque quedamos en reprocharle al dueño del hotel la falta de seriedad, al final nos conformamos con espantarle el turista que quería información nuestra para hacer nuestro mismo tour con ellos... A joderse.!!

Esta "ciudad ámbar" completamente amurallada alberga havelis ( casa de comerciante), elaboradas casas, hoteles, varias puertas de entradas magníficamente talladas.

En un extremo, sobre la Colina Trikuta, a 80mt de altura, se encuentra el Fuerte de Jaisalmer, rodeado por una enorme muralla que tiene 99 bastiones, y mezclados entre sus estrechas callejuelas se encuentran un suntuoso Palacio del maharaja, sencillos havelis, casitas finamente elaboradas, templos jainistas e hindúes, varios hoteles, agencias de viajes y una oficina postal.

Una de las noches acudimos a cenar en la azotea de uno de los hotelitos situados en el interior de la fortaleza, en el que se realizaba también unos bailes tradicionales rajhastaní. Unos sandwiches, cervezas, y me vi bailando descalzo con la danzarina.

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7/11 – Tras 330km de bacheada carretera, que tronchó nuestros cuerpos, sería Bikaner nuestro siguiente destino.

En este trayecto conocimos a una catalana, la primera turista de habla hispana que nos encontramos en India.

Tras varios días de visitas a esta ciudad ya he logrado mi tan ansiado anhelo: llegar hasta Karni Mata (o templo de las Ratas!!!), y, un pequeño bus nos dejó en Deshnok, el poblado donde se encuentra el tan sugestivo templo: al entrar, miles de ratas nos rodearon. Algunas hasta las pisábamos. Jose Luis sintió incluso, en algún momento, que uno de los roedores soplaba en sus descalzados pies. Y es que hay que entrar sin calzado por ser un lugar sagrado. Un poco de respeto y asco a la vez. El lugar es muy sucio, exageradamente sucio, y el olor a caca de rata supera todo lo imaginable. Me senté y dejé que las ratas se acercaran a mi en busca de alimento sagrado…. Estaba fascinado con lo que me estaba sucediendo. Me puse algunas sobre mi cuerpo y le pedí a J.L. que me tomara algunas fotos mientras le decía: -Ja, ja, ...le contaré a la gente que estaba despistado y se me subieron sin darme cuenta!!-.

De vuelta, en Bikaner, y mientras caminábamos por las calles de esta ciudad, nos invitaron a cenar en la azotea de un hotel donde se celebraría un baile rajhastaní. Tras la cena, un grupo musical y seis gitanas con sus trajes tradicionales del desierto ( Banjaras) nos deleitaron. Terminamos todos bailando. Ni que decir que fuimos centro de atención en el establecimiento al ser los únicos turistas extranjeros entre los otros nativos.

Visitamos el Fuerte Junagarh de casi 1.000mt de largo, con 37 bastiones, edificadodo en 1.953 por el general de la armada del emperador Akbar, Raja Rai Singh. Alberga varios palacios, torres y casas; el mercadillo y la ciudad vieja, que se encuentra rodeados por una muralla medieval; el Museo, que posee una interesante colección de esculturas, instrumentos musicales tradicionales...; algunos havelis, pero lo encontramos todos cerrados; y varios Templos jainistas. Todo deleitado con varias paradas por los lassis que nos bebíamos en las dulcerías, delicia de esta zona de India.

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11/11 – El trayecto nocturno hacia Pushkar fue agotador tras siete horas, incluida varias paradas, con un frío que no esperábamos, llegando a primera hora de la mañana.

Otras dos horas buscando donde hospedarnos, y al final decidimos quedarnos, por las fabulosas vistas a los ghats (amplias series de escaleras desde donde los peregrinos toman los baños rituales para limpiar sus almas), junto al lago.
Se tarda unos 45 minutos pasear a pie alrededor del lago sagrado con sus 52 ghats, construido para representar a cada uno de los Rajput maharajas que construyeron sus "casas de vacaciones" en sus orillas.

Ésta es una de las ciudades más sagradas del país, enclave de bramanes, pues cuenta la leyenda que el lago sagrado que se encuentra en medio fue creado cuando a Brahma, dios del conocimiento, se le cayeron pétalos de una flor de loto ( Pushpa) de su mano al golpear al demonio Vajra Nabha, y el Templo de Brahma, único en India y de los pocos del mundo dedicado a esta divinidad, el más sagrado

Sus blancas casas rodeadas de colinas resecas, en un valle agrietado por el colosal sol del desierto surgieron en las orillas del lago y sigue siendo un importante lugar de peregrinaje para los hindúes. Su población ha aumentado en los últimos años por los hippies que vinieron por unos días y se quedaron definitivamente disfrutando de su tranquilidad.

Los peregrinos acuden en masa los días de luna llena entre octubre y noviembre ( mes de Kártikka) para purificarse en sus aguas, y asegurar así la liberación del ciclo contínuo de las reencarnaciones ( moksha).

A primera hora de la mañana se hace imprescindible subir al Templo de Savitri, sobre la colina que domina la ciudad, para obtener unas maravillosas vistas igualmente sobre ese lago color turquesa. Aunque a cualquier hora también lo es.

Todos los atardeceres decenas de hippies y no tan hippies se concentran en el Ghat Este, entre el sonar de tambores y alguna que otra flauta para disfrutar de la colorida puesta de sol. Es verdaderamente emocionante.

También pudimos disfrutar de la Diwali, ( o Deepavali) ( fiesta de las luces), en medio de la alegría que eso significa para los hindúes. Muchísimos dulces y pastelitos se venden en todos los puestos callejeros, que luego se reparten entre sus seres queridos, vecinos, colegas y hasta clientes.

Música y petardos ( Patakas) recordando la victoria del bien sobre los demonios, y para conmemorar la victoria de la Luz ( espiritual) sobre el Mal y las Tinieblas.

Durante 5 o 6 días las familias decoran sus casas con luces y flores después de limpiarla a conciencia, y cumplen con las pujas de rigor: de Lakshmi (diosa de la riqueza), de Ganesh, el que “allana todos los obstáculos”...